La princesa se casó con quien fue su guardaespaldas y relación más conocida. Para la prensa, la relación con Ducruet fue un motivo para llenar  páginas de las revistas de mediados de los 90. El enlace tuvo lugar un 1 de julio de hace ahora veinte años.

En el ayuntamiento de Montecarlo se concentraban aquel día unas 40 personas. Ninguna de ellas tenía nada que temer acerca de su privacidad, en el recinto no había ni una sola cámara, ningún fotógrafo había podido acceder, Mónaco seguía su vida sin prestar mucha atención a la boda civil de la princesa y su ex-guardaespaldas.

Por la noche, los invitados aumentaron a 300 y fue entonces cuando se celebró una cena de gala con cierto protocolo que podría ser lo más parecido a una boda real que vivió Estefanía. La razón era obvia: la relación entre la princesa y el guardaespaldas había sido lo suficientemente escandalosa y poco convencional como para que Rainiero, padre de la novia, permitiese un enlace común y corriente.